<<~ ARITMÉTICA y LA REUNIÓN DE POBLADOS           

 

Lo extraordinario de estas comunidades era su integral espíritu de colaboración. Las incidencias que la vida les marcaba, mostraban la necesidad de unirse para ser capaces de ‘resolver para subsistir’. 

 Plantear una reunión de poblados representaba un nuevo reto al que enfrentarse. Prever cuantas cosas se referían al acontecimiento era una labor de capacidad de auténtico liderazgo. Por ello, su miembro más idóneo había sido elegido de común acuerdo por la comunidad.

La organización tenía su más clara manifestación humana en lo tocante a la distribución del tiempo. Había que abastecerse de carne, pescado, especies, productos de recolección y de siembra. Había que proveerse de agua y un tipo de bebida fermentada, fundamental en estos festejos. Esta bebida resultaba agradable con comidas preparadas a base de muchas especies. Como ‘valor añadido’, les proporcionaba ese punto de desinhibición tan oportuno en estas poco frecuentes ocasiones.

Pero no menos importante era organizar el espacio. Aunque estos encuentros siempre se celebraban en la primavera, debía preverse que las condiciones climatológicas podían no ser las esperadas. Ubicar a los cientos o miles de personas venidas desde distancias diversas, no era tarea para ser improvisada. Y menos con el sentido de la hospitalidad a que se obligaban aquellas comunidades, 

 

Las cuestiones de suma trascendencia que se perseguía en todo este asunto, eran la de conseguir relaciones, comunicación y ocio compartido. De esta forma se obtenían diversos beneficios: estar informados de sucesos lejanos; lograr acuerdos de tipo comercial, fundamentales para abastecerse de todo cuanto no se elaboraba en los distintos clanes, concertar viajes de trueque.

También permitir el reencuentro de familiares que habían marchado lejos con sus parejas. También, como no, propiciar nuevas uniones con las que enriquecer las relaciones de parentesco. Y, por supuesto, ¡la fiesta en sí!

Como relleno imprescindible a la parafernalia que se originaba, se preparaban competiciones de todo tipo. Estas competiciones atraía a la juventud como a los pájaros atrae un trigal. También lo hacían las peculiares danzas de cada lugar, que disfrutaban aún más la gente mayor. 

Y aquí volvemos a acercarnos a nuestros jóvenes amigos, pues tendrán un destacado papel durante estas semanas. Y esto sucederá aunque ellos no lleguen a percatarse.

-¡Me siento muy feliz. Shieja me ha dicho que quiere que pasemos juntos las fiestas! ¡Es fantástico! ¡Es formidable! ¡Es maravilloso! ¡Es,…es…!

-¡Es… tá bien, diantre! –le ataja Daarko- ¡Es…tás como un carnero, Krould!…¡Pero a mí también me alegra sinceramente, amigo!

-¿Al fin estaremos los cuatro juntos? – afirma.

-¡Al fin lo estaremos!

-¡Pues ya podemos entrenarnos hasta reventar! -exclama Krould-, no tengo la menor intención de hacer el ridículo ante Shieja. ¡Es maravillosa!           

-En esto estamos de acuerdo. Te entiendo con claridad por lo que yo siento por Riemah.

-¡Vamos a entrenar, no perdamos tiempo!

Los dos amigos corren atolondrados, persiguiéndose y empujándose, sin pensar en otra cosa, sin percibir peligro alguno. ¿Peligro? ¡La vida era maravillosa como las compañeras con las que iban a compartir las esperadas fiestas!

 

Por fin empiezan a llegar los poblados más próximos. Como acostumbra a ocurrir, la experiencia juega un importante papel. En las primeras reuniones generales se suscitaron malestares entre los asistentes, puesto que los que habitaban cerca del clan anfitrión ocuparon los mejores lugares.

Esta cuestión la habían resuelto. Lo habían hecho con el acuerdo común de reservar ciertas zonas para los poblados más distantes. Así, demostraban el respeto que se tenía a todos los participantes. 

Nunca volvieron a tener problemas relacionados con estas cuestiones. La competición natural por colocarse en las zonas más deseadas, fue siempre leal, deportiva y hasta divertida.

 

Para Daarko era habitual retirarse al montículo que le servía de atalaya de observación. Le servía de relajamiento físico y espiritual durante el alba y en el ocaso del sol. Era su zona de recogimiento.

El verdadero motivo de esta costumbre estaba en que a Daarko le encantaba cavilar acerca de las cosas que le preocupaban. El corazón se le aceleraba al empezar a buscar solución a cuantos problemas se le presentaran. Podría decirse que Daarko gozaba, al manifestar lo que ocurría en su interior mediante graciosos gestos, mientras discutía consigo mismo.

Krould, por su parte era más vital; su fuerza era descomunal, desarrollaba energía a raudales y, en general, dormía sin ningún problema. Y cuando una de esas cuestiones que le exasperaban se le ponía entre ceja y ceja, andaba con los sentidos alerta sin más. Cuando se le cruzaba algún indicio que pudiese relacionar con lo que le interesaba, lo aferraba con la mente como los objetos con las tenazas de sus manos.

En realidad, Krould era un muchacho inteligente a la par que fuerte. Estaba dotado de similares cualidades para la interpelación que su gran amigo. Gozaba con lo que era capaz de arrancar a la naturaleza para tornarlo a ella convertido en una obra humana.

 

La comunidad se alegraban por el tiempo que hacía. Este era otro de los auténticos puntos fuertes en las reuniones. Si era propicio, no tenían que reajustar sus planes a capricho de los elementos atmosféricos, lo que requeriría bastante esfuerzo.

En esta ocasión el tiempo reinante era cada vez más agradable. También el espacio cada vez estaba más ocupado y la alborozada gente más inquieta. Las actividades eran más esperadas por todos: los deseos más ardientes, los corazones más henchidos, las esperanzas más cercanas, los pesares más lejanos…

 

En la madrugada del esperado día, el estridente coro de aves, orquestado por un alborotado batir de ala, despedía la noche. Lo hacía con su particular jarana mientras el Sol se entretenía en iluminarlo todo. Y esta algarabía fue la que marcó el ‘Inicio de las Fiestas’.

El despliegue de agasajos de todo tipo y el inmenso abanico de ofrendas fue fastuoso e impresionante. Ropajes, abalorios, abrazos, besos y regalos, unidos en estrecha confabulación para sembrar el evento de alegría, buena voluntad y paz.

A la acogida de los viajeros, siguieron frecuentes comilonas, presentadas con esmero, que decoraron las fiestas de importantes notas gastronómicas.  Esto siempre ha sido, no nos engañemos, muy interesante.

 

De inmediato veréis a qué viene esto de la aritmética