<<~ ARITMÉTICA PREHISTÓRICA: LOS JUEGOS DEFINITIVOS

 

La lucha decisiva de las competiciones tenían varias intenciones, pues era la ocasión en la que los diversos émulos mostraban su pericia en alguna o varias de las especialidades deportivas que se desarrollaban. También permitía aprender a los jóvenes un sinfín de auténticas artes, incluida la tan necesaria de la caza; ponía a prueba el espíritu de competición, revestido de colaboración y nobleza. Y, sobre todo, ofrecía la posibilidad de participar en uno de los juegos más hermosos de la vida, como es el del amor.

Entre los numerosos contendientes se encontraban, como no podía ser de otro modo, nuestros protagonistas. Estaban decididos a participar tanto en juegos de habilidad y fuerza como en el, novedoso para ellos, juego del amor. Daarko se decide a competir también y piensa hacerlo en la carrera de obstáculos.

 

Gran momento de expectación: va a iniciase la lucha decisiva. Todos se revuelven en sus lugares con aliento contenido. Daarko y sus heterogéneos compañeros se preparan y, por fin, ¡comienza la carrera!

El aviso, que coincide con el bramido ensordecedor del público, provoca una estampida humana difícil de describir. Tensión de músculos, tirantez en los rostros, brío, velocidad, movimiento vertiginoso, cabellos al viento, salto tras salto, en secuencia tan rápida que se diría que los debutantes exhiben una danza aérea. Braceos, balanceos, jadeos cada vez más evidentes…

El público en vilo delata sus predilecciones, al jalear sin medida y vitorear con anticipación a su ganador elegido de antemano. Gestos convulsivos de alegría, saltos, palmas, risas, rostros iluminados, ojos chispeantes, bocas tensas en el grito de sus preferencias.

Daarko, corre como antílope perseguido por una leona, se debate con bravura entre la masa de fuertes y entrenados jóvenes que desean también el éxito. Sofocado por el descomunal esfuerzo, busca su mejor ocasión, pero… un gesto poco ensayado provoca un auténtico desastre. Uno de sus pies apenas llega a rozar el último obstáculo a rebasar, pero cae con gran aparato sin poder evitarlo, quedando el obstáculo, Daarko, su esperanza y su moral desparramados por los suelos.

El muchacho se revuelve con tristeza y se esfuerza por desprender su cuerpo de la tierra. Se apoya con energía y empuja con resolución para levantarse, a pesar del dolor que le asedia, y casi lo consigue. Vuelve a caer, su cara queda frente a las huellas que dejaron sus manos en el valiente intento; sitúa una de ellas sobre su huella y… se queda pasmado. Se mira ambas manos, mira el suelo, mira la gente, mira hacia el cielo y mira mucho más allá, en lo más profundo de su intelecto…

Todo sucede en un instante mientras varios de los espectadores se abalanzan sobre él para asistirle, rodeándole. Apenas se da cuenta de que le palpan, le preguntan cómo se siente, le manipulan para comprobar si tiene algo más de lo que es evidente…

Los que mejor le conocen perciben que algo drástico, algo dramático acababa de sucederle por encima del espectacular accidente. La cara de Daarko ofrecía un aspecto extraño. No se trataba de la sangre que le brotaba de las cejas ni del tremendo restregón que le adornaba la mejilla desde la sien hasta la barbilla, con unos buenos trazos de tejido rojo bajo la piel rasgada. No, no fue esto lo que sobrecogió a los que le amaban, sino su extraña expresión, mezcla de dolor y sonrisa.

Lo inquietante fue que esa mueca dolorosa se debía a algo mucho más profundo que el dolor de la caída, algo nacido de las propias entrañas, algo que no inspiraba lástima, sino que conmovía el alma. Daarko desfiguraba el gesto en el intento de contener el deseo de reírse, de gritar la joya intelectual que llenaba todo su ser. Luchaba por acallar la dicha de comprender el motivo que durante tanto tiempo le había inundado de inquietud y auténtico dolor, un dolor que superaba con creces el que en estos momentos afrontaba.

La expresión de su cara revelaba esta lucha interior con un cómico gesto. Parecía la parodias del acecho en la caza o el revoloteo de la conquista en el ritual del cortejo, que realizaban durante los festejos. Daarko no sufría, Daarko, por encima de todo, era feliz… en la humana conciencia de su hallazgo…

 

Al serenarse el revuelo que se organizó, Kroul, en un breve aparte, se encaró con su amigo:

-¡Pero bueno, pareces un poco loco! Tú ríe que ríe mientras te desangrabas. ¿Qué te sucede, amigo, qué te sucede? ¡Me preocupas, Daarko! ¡Dime qué es lo que te pasa!

-¡Ja,ja,ja!

-¡Y dale! Ya te lo digo, estás loco.

-No, Krould, no. ¡Lo que ocurre es que este ridículo que he hecho con Riemah ha sido una auténtica bendición!

-¡Pero qué es lo que me cuentas, estás majara perdido! Dices que haces el ridículo con la belleza y te alegras de ello!

-Krould, no es así. Por esto me siento fatal, pero lo que ocurre es que, al caerme como un tonto, ocurrió algo extraordinario…

-Si, que te rompiste las narices…

-¡¡No, Krould, no es eso!!

-Bueno, seamos más exactos, te aplastaste la rica cara…

-¡Kroul, en serio! ¡¿Cómo puedo explicarte?! Sentí como una especie de chispa, como las que huyen de una hoguera cuando al saltar por encima de ella no calculamos bien y pisamos alguna brasa. ¡¿Lo entiendes?!

-¡Habla claro porque no me entero de nada! ¿De qué me hablas?

-Ya sabes que llevo mucho tiempo preocupado por los asuntos de las malditas pérdidas en los trueques. Sabes que tenía unas raras sensaciones, como un ‘algo’ que asediaba mi cabeza y que no era capaz de precisar. Yo sabía que en esas sensaciones estaba la solución que necesitaba. Lo sabía.

-Ahora sí sé de qué va el asunto. ¿Pero eso justifica esta cabezonada tuya? ¿Eso explica que te esfuerces en reír cuando deberías estar retorciéndote de dolor?…

-¡Es que ahora sé qué es lo que me rondaba, ahora sé que hay una solución y tengo que meditar sobre ello!

-Pues suerte que ha sido solo una pequeña chispita porque, si no llega a serlo, te matas y luego revives…

-¡¡Pero es que es inmenso!!

-No, si no te digo que no lo sea, pero chico me parece que te pasas en el entusiasmo. De todas formas, mejor así: al menos no has sufrido tanto…

-Ay, Krould, sufrir ya lo había hecho bastante… Esa angustia de saber que tenía a mi alcance esa idea indefinida que me tendía su mano por dentro y no sabía cómo cogerla… No sé explicártelo…

-¡Bueno, vamos al tajo, que la gente nos espera para ser derrotada con la docilidad de las ovejitas en el redil! ¡Ja, ja!

-¡Sí, vamos, brutazo!

-¿Crees que podrás continuar?

-¡Por supuesto! Y ahora, además, no solo les ganaré por hábil, sino por bello…

 Y Daarko, meditó. Y con su meditación fue capaz de idear la manera de no tener que trasladar todo un rebaño en las operaciones de trueque. Pudo idear el simbolismo para llegar a… contarlo, partiendo de los dedos de su propia mano…

 

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