Me han pedido una opinión ligera

ME HAN PEDIDO UNA OPINIÓN LIGERA

 

 

Algunos me han pedido una opinión ligera sobre lo que se le podía decir a un joven para mejorar su comportamiento. Mi respuesta fue algo instantáneo, quizás demasiado:

No tengo ni la más ligera idea…”.

A juzgar por la expresión que pusieron, creo que la contestación no les dejó satisfechos ni se la esperaban de mí…

En realidad me pregunto sinceramente: ¿cómo se puede dar una receta aforística en un asunto tan crucial? Pues creo que no es posible; salir del paso, sí, pero salir airoso, no creo que sea posible…

En lo personal, pienso que la vida es demasiado corta como para andar malgastando tiempo y demasiado larga como para  soportarla sin una meta personal… Hay que centrarse en encontrar la diana que nos corresponde.

En esta búsqueda sí que hay que emplear todo el tiempo que sea necesario. Definir nuestra diana, tensar nuestro arco interior y lanzarnos a conquistar nuestra identidad. Y hacerlo sin angustias, sin prisas, pero también sin pausas injustificadas.

Hablamos de formación y trabajo. Bien, pero la formación que sea la que más se ajuste a cada uno. Se trata de desempeñar una labor que no nos esté alienando a cada segundo. Que sea ganar el suficiente dinero como para sobrevivir con una cierta dignidad, sin continuar dejándonos alienar.

Que todo esto no sea solo para lograr un retiro justito y sin estridencias, habiendo vivido una vida que no era la nuestra… Esto no es algo nuevo…

 

A los jóvenes habría que decirles –yo sigo siendo muy joven porque continúo diciéndomelo– que lo fundamental en esta loca vida está en que no sea tan loca y sí sea más elegida, más rica en convicciones personales que puedan llevarnos a alguna parte, más rica en convivencias sanas… Y que hay que aprender a apartarse de todo aquello que nos impedirá ser sanamente felices…

Esto se dice rápido, pero justo esto conlleva mucho esfuerzo y cierta renuncia a lo inmediato, a lo tonto, a lo que en el fondo sabemos que no nos hace ningún bien, ni a nosotros ni a cuantos nos rodean…

 

¡Yo qué sé lo que sería mejor decirles a los jóvenes!

Y es que creo sinceramente que son ellos los que tienen mucho que decir y que en muchas ocasiones deberíamos escucharles en lugar de decirles…

 

 Bueno, si existe una comunicación, un respeto y una cierta corriente de afecto, tal vez se les podría decir cualquier cosa que sea lógica y sincera. Como, por ejemplo:

» que no se sientan solos y que tampoco se aíslen

» que mediten, que razonen sus razones, pero que busquen compartirlas con los que han logrado superar las suyas

» que ejerzan el mismo respeto hacia los demás que exigen a los demás hacia ellos

» que se dejen invadir por la pasión de las ideas y las acciones después de haber alcanzado algún conocimiento sabio, de aquellos que van más allá del simple conocimiento

» que se dejen abrazar por la alegría de vivir que en ocasiones se siente. Que esa alegría les sirva como testimonio de lo que tienen que hacer para perseguir y conseguir ese bienestar de manera habitual

» que no se dejen influir por los que tienen más dudas que ellos y las resuelven cerrando los ojos para no ”sufrir” –o por pura vagancia–. Porque acabarán sufriendo irracionalmente y haciendo sufrir a todos los que se les acerquen confiados

» que no tengan temor de vivir, porque la vida, de manera natural,  les ofrecerá más ocasiones de las que se creen para llegar a ser felices

» que cualquier acción requiere esfuerzo, también de una manera natural, ya sea deporte, estudio, convivencia, amistad, familia, amor

» que ese esfuerzo es inherente a la propia existencia y que dignifica el hecho de hacerlo racionalmente

 

En fin, los sermones de siempre…

» Pero que tengamos muy presente que convertimos la vida en un valle de lágrimas porque nos da la real gana