Sentires profundos del alma

Lo que me invade de vez en cuando son los sentires profundos del alma. Creo que es natural que así suceda y, sobre todo con el ambiente que, quieras o no, se organiza en estos días.

Y aprovechando esta situación, os brindo dos sinceros pensamientos.

 

¿QUÉ SERÁ EL TAÑER?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
resonándo, húmedas, entre la lengua y el paladar,
emulando el sonido propio del bronce de las que emanan?
¿Será que tengan con que me quede en la boca
un dulce regusto a miel y sabor a aromoso romero,
impregnando mi lábil espíritu de inquietud y de ruego?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
de originales grafismos, que retornan a la mente
tantas horas de esfuerzo, ansiedad y ensueño?
¿Será que tengan con el ritmo de sus sones, cálidos y limpios,
en dos o en tres golpes emitidos, breves, francos, decisivos,
escoltando el eco que provoca el vibrar de su concepto?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
que evocan puntadas de retoque a vestidos ceremoniales
en el suspirado primer encuentro entre almas que se aman?
¿Será que tengan con el roce de manos alisando tálamos,
dispuestos entre la inocencia y el consciente deseo
de cuanto ya se ha vivido en el propio corazón?

¿Qué será que tengan las palabras tañer, tañía, tañendo,
con el suave vibrar de los cuerpo, entre besos y gemidos,
entornados los ojos repletos de imágenes alborotadas?
¿Será que tengan con suspiros, promesas y ‘te quieros’,
mientras las manos se entrelazan con el recuerdo
del olor a trigo segado que colma las noches de estío?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’
que, entonando un cántico muy antiguo, casi viejo,
revivan tanto empeño entre la ofrenda y los sueños?
¿Será que tengan con el lánguido narrar del espíritu humano,
errando entre lo entrañable, lo bello, el amor y el anhelo
y canten un hecho, un pasado, un presente: tañer, tañía, tañendo?

 

 

EN LA NOCHE

En las noches más profundas
Las estrellas me guiñan sugerencias
Y recojo sus inviten con cierta prudencia
Pues siempre que te miran, no sé qué es lo que pasa
Pero, sin tú apenas quererlo, las estrellas te atenazan.

En esas noches, inmensas,
Las lejanas estrellas también te hablan;
Hablan de amores cercanos entre dos amantes almas,
Contándose dulces propósitos sumidas en la calma
Sin apenas darse cuenta de que existan otras almas.

¿Y en las noches ensoñadas?

¡¡Aaah!!, en las noches ensoñadas
Las estrellas, más que nunca, hablan;
hablan de ofrendas y de esperanza
Hablan de deseo, inquietud y pasmo;
Hablan, en fin, de lo propio del ser humano…

 

 Sed felices