UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS PERSONAS MAYORES

 

Cuando se plantean cuestiones sobre la gente mayor, no sé exactamente el porqué, aparece un cohete mental que estalla en una sola palabra: jubilación. Y esto me incita a una reflexión sobre las personas mayores…

Sí, es como una fijación acumulada durante arduos años de trabajo. Es como el efecto final que causa el esperanzado esfuerzo del trabajo: dejar de trabajar.

No para todos ni en todos los lugares esto es así… Hay que tenerlo en cuenta.

En todo caso, la fijación de la que hablo tal vez se deba a no estar gozando demasiado de la dilatada etapa de la labor remunerada: para uno que disfrute de su trabajo, cientos simplemente lo soportan, soportan su trabajo y sus aledaños los jefes y la falta de rendimiento económico…

Pero no todo gira alrededor de este peculiar efecto de la labor del humano. No nos despistemos:

los asuntos de la edad, siempre son relativos

Cuando digo esto, pienso en ‘las madres de familia’ –como se las ha dado en llamar– .Y recuerdo la situación que se les plantea cuando los hijos van cobrando una independencia –asunto largo por excelencia–. Cuando esto ocurre, también ocurre que muchas madres se suman en el desconcierto de lo que no se esperaban. Se trata de una especie de jubilación, jubilación de ‘madre de familia’

El asunto no es una broma: les llega la jubilación a una edad que no se corresponde con el clásico retiro. Y sienten más que nadie que se trata de… una exclusión.

Ellas –las madres jubiladas por ‘sorpresa’– podrían hablar ya de los sentimientos que embargan a la gente mayor –.‘gente mayor’, con sumo respeto–. No es del todo lógico, pero ocurre…

Y estas situaciones se dan porque la constante lucha diaria no les permite ir construyendo un futuro que llega irremisiblemente. Y cuando esos hijos campan por sus respetos, cuando se les echa encima todo el tiempo que antes no tenían, ni se lo creen

Sigamos el ejemplo

A pesar de ello, todo hay que decirlo, hay madres jubiladas de hijos que saben reestructurar sus vidas sin grandes problemas –dentro del problema–. Y abordan, o retoman, aquellos asuntos que hasta entonces no pudieron. Y, como cigüeñas decididas, se lanzan a los nidos de academias informáticas, cursos de fotografía, o de costura, de escritura, de trabajos manuales de alto nivel. Incluso, se dirigen a los abrigos de las aulas universitarias, que también las hay entre esas madres…

Quería mencionar este inmenso colectivo de ‘madres de familia’ porque existe de manera ineludible, imprescindible y deseable.

Por ello decía que los asuntos de la edad son relativos… Puesto  que otra cuestión es lo de la jubilación laboral, a edad de jubilación… normal. Que si de una jubilación anticipada se trata, el asunto habría que remitirlo al caso anterior–.

Hablemos de la jubilación… normal: la de la gente mayor, diríamos…

Esta situación es similar a la otra  –la jubilación de madre de familia–, pero con la aplastante diferencia de ‘verla venir’…

A pesar de todo, se origina el desconcierto porque hay personas –no me refiero a toda la gente, faltaba más– que no han leído un libro en su vida. O tampoco una revista y, por supuesto, ni la letra pequeña de los contratos de lo que han ido contratando… No han tenido aficiones, no les gusta especialmente la música ni el cine ni casi nada…

Cada circunstancia es cada circunstancia, pero el tiempo pasa, la jubilación llega y aquello que no se ha hecho se nos lanza al cuerpo –a veces maltrecho– con ansias de tocarnos las narices psicológicas…, prescindiendo de las circunstancias que hayamos tenido…

 

Personalmente, tuve la suerte de la posibilidad de una formación universitaria, me gustó leer, escuchar música, el cine, el teatro. También tuve hijos –cuyo cuidado compartí activamente– y un largo etcétera. Tuve y tengo una envidiable salud –habiendo capeado alguna dolencia de manera algo espartana–.

Muy bien, me diréis, ¿y a mí qué?

Y tendréis razón… Pero todo esto os lo cuento porque, deseada o no,  siempre llega la impertinente jubilación. A veces, más desplazada de lo normal, pero siempre llega. Y lo hace como el día o la noche: sin estridencias, pero sin escapatoria posible…

¡Este es el momento!, este es el momento de hacer cuanto no se pudo realizar antes .

Si es necesario, hay que hacer memoria para reavivar la pasión que todos hemos tenido en la vida. Hablo de aficiones, tendencias, ilusiones incluso…

Todos hemos creído, jugado, ideado, soñado… Este debe ser el foco. Y hay que rechazar enérgicamente el sentimiento de no ser útil… O la impresión de que ya no se puede, la falacia de que no nos importa lo de los demás o la aprensión de que no le importamos a nadie…

Si se aferra, no con ambas manos, sino con todo el cuerpo, la mente y el espíritu ilusionado aquello que más queremos realizar  –muchas veces lo que no hemos podido realizar–, no cabe duda de que la vida nos permitirá un camino diferente, porque, sobre todo, será el camino que ahora elijamos