NO CABE DUDA, LO DESCUBIERTO ES TAN ÚTIL COMO EL COMER

Lo descubierto es tan útil como el comer-1

<<~ POR SUPUESTO, LO DESCUBIERTO ES TAN ÚTIL COMO EL COMER

Nosotras también contamos

 

Al cabo de muy poco tiempo podremos constatar que

lo descubierto es tan útil como el comer…

-¿Estás segura, Riemah?
-Claro que sí, si no lo estuviese, no te habría dicho nada. Lo que ocurre es que en realidad no sé qué pensar sobre ello. Pero tengo la impresión de que puede ser importante y quiero hablar con Daarko antes de hacer nada más.
-Pero parece muy extraño. ¿Y dices que tienes los trozos de barro en tu casa?
-Sí, así es, Shieja. Los guardé sin darle muchas vueltas hasta ver qué hacía con ellos.
-Tienes razón, seguro que con Daarko veréis lo que ha podido pasar.
-Seguro que sí –pensó algo ensoñada.

Riemah es una joven muy inteligente y diestra. El conjunto del poblado conoce los tejidos salidos de sus manos; el motivo es lo extraordinario de los diseños de sus dibujos.
La armonía de formas y colores, crea sensaciones sumamente agradables que todo el mundo percibe. Además, con la finura de los hilos que ella misma prepara, consigue telas de cualidades muy apreciables.

Riemah tiene el mismo sentido práctico de Krould. Cuando se plantea alguna cues-tión que resolver, necesita encontrar soluciones que permitan actuar en consecuencia lo más rápido posible.
Esto no significaba que esté desprovista de interés o capacidad de asombro hacia cuanto la rodeaba, sino que la hace feliz el sentimiento que le origina intuir que lo que va a emprender será, sin más, útil.

En este sentido, Riemah es distinta a Daarko. Él es más reflexivo, capaz de enfrascarse con lo que le inquieta, sin desfallecer durante días, hasta que hallaba la solución. Para ello, manipula la cuestión, la sopesa y valora en todos sus detalles con la imaginación.

DIFERENCIAS COMPLEMENTARIAS

Tal vez, Riemah hereda el ancestro de la necesidad de organización y sentido del deber hacia las personas. Cualidades que poseían las mujeres luchadoras, cazadoras, administradoras, y previsoras. Pues era fundamental saber abastecerse a tiempo de las vituallas necesarias para subsistir. Y, en épocas de economía recolectora, saber cómo, dónde y cuándo sembrar.
Lo cierto es que, para Riemah, constituye la forma natural de expresarse en la vida.

La muchacha acostumbra a llevar sus negros cabellos abrazados en una trenza que pende con gracia de su hermosa cabeza. Su blanca piel, se le tinta por el insistente sol del estío. Sus negros ojos, brillantes y profundos, predisponen a serenar a quien los contemplaba. Además, la joven, tiene la habilidad de maquillarlos de forma que resalte todavía más su embrujo.
Sus dientes se enmarcan en unos rojos labios, que abarcan la anchura de su estilizada cara.

El cuerpo de Riemah es fibroso, modelado por labores físicas, cuerpo flexible y armónico con la naturaleza que la rodea.
Sí, Riemah es francamente hermosa. Además posee una personalidad activa en la labor y cálida en el trato, que acentúa su hermosura sin duda.
Solo hay algo que brilla a través de las cualidades que la adornan: el sentido de la lealtad hacia los demás y hacia sí misma.

-Tengo deseos de ver a Daarko. ¿Sabes dónde está, Shieja?
-Ahora no creo que puedas encontrarle. No sé qué se trae entre manos con Krould. Ya sabes que, en el momento en que esos dos están juntos, es porque traman algo especial. Cuando están así, Krould se transforma, se hace difícil hablar con él.
-Lo sé, amiga. No te preocupes, él es muy buena persona. Y te quiere mucho.
-Yo también le quiero y le conozco. Solo que a veces es tan cabezón… Pero sé que me quiere y esto hace que me sienta muy especial…
-Bueno, creo que lo mejor será que vaya a ver si le encuentro. ¿Vienes tú también, Shieja?
-¡Sí, vamos!

MÁS DIFERENCIAS

Si había alguna cualidad que adornase a Shieja de manera sobresaliente era la serenidad. De complexión más recia que la de su amiga, aparentaba ser de mayor fortaleza que ella. Pero la realidad es que el temperamento de Shieja la hace más vulnerable.

La otra cualidad que la distingue de forma inequívoca es su eterna sonrisa. Parece que se la coloque en la cara por las mañanas sin dejarla ni siquiera durante las horas de sueño. Su talante es tan noble y sincero como el de su amiga.

El cabello de la muchacha es castaño oscuro. Materialmente enmarca sus ojos miel pura y una nariz bien perfilada sobre una armoniosa boca de jovencita. Su tez es bastante morena. En conjunto, Shieja resulta muy agradable.

Al fin, las amigas se despiden y Riemah va en busca de Daarko…

EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO-4

En busca del ahorro energético-4

<<~ EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO-4

 

LA IDEA DEFINITIVA

 

La llegada del crepúsculo cada vez se hacía esperar menos. Los números circenses que organizaban las aves teñidas de rojo, en sus revoloteos, sorprendían a mujeres en sus quehaceres, pastores en su retorno, niños en sus juegos, mucho antes de lo esperado.
Este era el anuncio no pactado de la llegada del otoño…

A partir de ahora, los días serían más cortos, las partidas de caza menos frecuentes, los regocijos más pausados, las veladas familiares más prolongadas, los amores más insistentes…

Este fue el tiempo ideal para que Daarko pensara con tranquilidad sobre la importancia de su ‘comparación’, como él la llamaba.
Daarko meditó sobre lo práctico de las tablas para trazar ‘raya por objeto’, sin tener que transportarlos. Comprobó que la ventaja era sin duda importante. Ya no tendrían pérdidas materiales en las transacciones de trueque aunque no se llegara a aceptar la operación.

Pero era engorroso en extremo no poder realizar ni un trazo más ni uno menos de lo necesario. Además, podía resultar una sucesión interminable de rayas. De igual forma, había que recontarlo todo en el lugar de destino.

Daarko dio muchas vueltas al asunto, sabía que aún no había llegado al final en su idea. Para las personas dotadas de este tipo de inquietud, la imaginación lo llena todo en ciertos momentos.

EN LA BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO

Se puede laborar sin cesar en las ocupaciones diarias, colaborar con los demás en cuantas cuestione se puedan plantear. Se puede luchar, compartir, alimentarse, vivir en todo su significado.
Pero no se puede escapar de la responsabilidad ni del curioso interés que embarga el alma: no se puede dejar de ser quien se es… Daarko no podía escapar de sí mismo. La realidad es que tampoco tenía la menor intención de hacerlo.

A pesar de discutirlo con su inseparable amigo, pasaron más días de los deseables hasta que el joven lograra plasmar su idea. Y lo hizo con un hecho sin precedentes.
Daarko decidió que lo que simplificaba de manera rotunda la cuestión que él mismo había planteado. Utilizaría un trazo vertical para lo que ahora consideramos una unidad. Además, asociaría trazos algo distorsionados en su grafía, para lo que consideramos ahora el dos, el tres, y así sucesivamente. Todo a partir de los dedos de la mano.
Esto hizo exclamar a Krould: -¡¡¡Prodigioso…, loco!!!

Y es que, en verdad, fue prodigioso. La concepción de Daarko, fue la predecesora de la impresionante mole conceptual-simbólica que es la Matemática.
Este invento del joven Daarko, representó un salto gigantesco en la intelectualidad del hombre. Fue un rotundo beneficio, entonces impredecible, para la vida práctica de la comunidad humana. Esto no hubiese sido posible lograrlo sin la madurez intelectual que proporcionaba usar el habla.

Transcurrieron muchos amaneceres y muchas puestas de Sol ante los escrutadores ojos del muchacho en la atalaya de sus meditaciones.
Allí, observó las magníficas representaciones, que la Naturaleza ofrecía a diario al Universo. Estas escenas fueron capaces por sí solas de despertar en Daarko la pasión de vivir.

Nuestro amigo pasó muchos días con la angustia de no acabar de perfilar su propósito. Y, por supuesto, muchas noches inquietas por no haberlo logrado…
Hasta que, por fin, idease el primer ‘sistema de numeración’ de la historia de la Humanidad…

 

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EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO-3

En busca del ahorro energético-3

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EL ENSAYO Y LA CONCLUSIÓN

 

Vuelvo a estar con vosotros para continuar narrando los acontecimientos que se darían en otros tiempos

 

…Las actividades en el poblado habían recuperado la normalidad envueltas en una cierta tristeza. La comunicación, el compartir y el amor en el que todos se vieron rodeados durante tantos días, fueron extremos.

Algunas mujeres y algunos hombres marcharon a otros lugares con sus nuevas parejas, con el corazón un poco encogido… Otros, quedaron, con sus nuevas parejas, con el corazón triste por los familiares que marcharon. Intentaron lograr compensar esa pérdida, aunque sabían de sobras que no sería nada fácil…

Por su parte, los dos amigos se reunieron en lo que había sido el campo de juegos. En realidad, pretendían estudiar juntos lo que le ocurrió a Krould aquel desafortunado día. Pensaron que lo mejor sería reproducir paso a paso el accidente. Buscaron los materiales necesarios, estaca incluida.

-Estaban a punto de dar el aviso para el arrastre de piedras y yo corrí como un loco para no llegar tarde. Noté que me descontrolaba –meditó el propio Kroul-. Pensé en Shieja y me volví a mirarla –se quedó un momento absorto-. Hice mal, no era el momento…
-Sí, esto es cierto, no fue buena idea –le reprocha su amigo.
-Los avisos de la gente me alertaron de que algo iba mal, miré hacia el frente con rapidez… Creo recordar cómo estaban colocadas las piezas…

Sin dudarlo, aunque con gran esfuerzo, situaron las piedras y la estaca en el lugar que Krould indicó. Se alejaron de los objetos y el joven protagonista del suceso se decidió a repetirlo.
Kroudl simuló las acciones con prudencia, pues no estaba en condiciones de remachar su herida. Parodia el traspiés, la lucha por no caer y la propia caída.
Como es lógico, el joven procura ser lo más fiel posible a los gestos y las posturas. Ensaya la trayectoria de caída para que coincida con la zona de su herida.
Una vez rememorado el recorrido, ambos se percatan de cómo se ejerció la presión que quebró la estaca. Krould se apoya con las manos en la estaca y, con prudencia, presiona…

LA GRAN SORPRESA

-Kroul, ¡¿tanta fuerza tienes, amigo?! Mueves la piedra más pesada…
-¡Es cierto, encontré lo que buscaba! No, Daarko, no hago tanta fuerza como crees. Ya verás, prueba tú mismo…
Daarko ocupa el lugar de su amigo e imita sus gestos al presionar la estaca. Pero influido por la impresión de que Kroul tenía que haber hecho bastante fuerza, él presiona con energía…
-¡¡¡Daarko!!! ¡Impresionante! Esto es lo que sucedió…
-¡¡¿Es posible?!!
La pesada piedra salió proyectada y recorrió más de un paso de distancia…

Un rebaño ovino, que era empujado con habilidad hacia las afueras del poblado, rodeó a los amigos. Sus corderos se erigiéndose en mudos espectadores del hallazgo. Mostraron en ello más interés que el pastor, que se limitó a comentar:
-Continuad haciendo el burro… ¡¡hasta que os rompáis la crisma!!

ES INDUDABLE QUE LA TECNOLOGÍA INICIABA SUS PASOS 

Pasaron bastantes días hasta que ambos jóvenes ajustaron la medida de las estacas para varios tamaños de piedras. Así, comprobaban las ventajas del aparato que sería ‘la palanca’…

La satisfacción que demostró el poblado, llenó de orgullo a Krould. Al final, resultó que el despiste que originó el accidente del joven no fue tan nefasto. Es bien cierto que el amor, si no mueve montañas, como mínimo, ¡mueve ‘rocas’!

Tal vez lo narrado pueda parecer paródico, pero, lo cierto, es que podría responder con bastante fidelidad a la realidad.
No cabe duda de que muchos de los hallazgos fundamentales de la Humanidad los han obtenido personas por pura casualidad. Pero con la coincidencia de estar ahí y saber ver aquello que nadie más supo ver…

El colofón intelectual de toda esta historia, no resulta tan espectacular como los juegos de las reuniones. Tampoco pudo someterse a la prisa. Simplemente transcurrió con el ritmo imparable de los asuntos de la Naturaleza.

Y la historia casi concluye

 

EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO-2

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<<~ EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO-2

LAS EXPLICACIONES

 

-¿Qué te sucedió en el campo, Daarko, qué te pasó?
-Fue algo sencillo. Quise incorporarme después de caerme y no logré hacerlo. En el segundo intento, al ir a apoyar las manos de nuevo, lo hice sobre las huellas que ya habían dejado en la tierra, y entonces lo vi claro…

-¿Qué es lo que viste, Daarko?
-Krould, coloqué mis dedos sobre la huella y entonces me di cuenta de lo que buscaba. Quería encontrar la manera de facilitar los trueques, sobre todo por las pérdidas que nos ocasionaban las malas operaciones.
-¿Pero qué era lo que buscabas?
-Yo tampoco estaba seguro, pero hacía tiempo que me rondaba una idea comparativa

-¿Comparativa?
-Sí, no sabía cómo, pero tenía que lograr que no fuese necesario transportar los productos para mostrarlos. Un día pensé que podía llevar palitos o pequeñas piedras en lugar de los objetos. Me puse muy contento, pero sabía que había algo más.

-¡Eres genial, Daarko, eso ya habría sido suficiente! ¿Por qué no lo dijiste? Todos se hubiesen alegrado.
-¡Claro, pero quise probar cómo funcionaba el asunto antes de comunicarlo. Y, como te dije, sabía que me rondaba por la cabeza algo más que no llegaba a captar lo que era…Al ver mis manos de inmediato lo supe. En lugar de piedrecillas podemos llevar trazos en una tabla, tantos como objetos. Por eso hablé de comparativa.

-¡Amigo, esto es todavía más genial! ¡Eres formidable! Todos te felicitarán por tu gran idea.
-No quiero que me feliciten. Antes quiero estar seguro de que aquí acaba todo lo que me inquietaba. Me felicitaré a mí mismo, si llego a saberlo. Lo único que deseo es ser útil.

-¿Y a ti, Krould, qué te pasó? Me gritaste muy alterado diciéndome que me entendías. Yo sé que esto no fue por el final de tu liderazgo en el arrastre de piedras –bromea Daarko.
-¡No me lo recuerdes, majadero! ¡Qué ridículo, que vergüenza con Shieja! Suerte que a ella no le importó; lo sintió, pero dijo que la próxima vez no sucedería, porque ella no iría. Me lo tomé en serio, pero al empezar a quejarme, me dijo que era una broma. Y, por cierto, ¡qué tortazo, madre!

-Sí, terrible. ¿Pero qué fue lo que te pasó por la cabeza?
-Tú también sabes lo que me preocupaba por evitar el esfuerzo que hacemos con muchas de las operaciones que realizamos a diario. Yo lo considero un esfuerzo innecesario, ya te lo dije –su amigo afirma sin decir palabra-. Cuando caí de aquella forma tan brutal (no pienso repetirlo en mi vida), al levantarme y ver lo que había pasado creí que había dado con la solución.

-¡¿Y no fue así?!
-Sí, así fue. Después de la lucha volví al mismo lugar. Las cosas no estaban igual, pensé que alguien debía haberlas cambiado, pregunté y me lo confirmaron. A pesar de ello, por los rastros y lo que recordaba haber visto, supe lo que sucedió.
-Lo que debiste ver, salvo que tus ojos estuviesen demasiado entretenidos en otras cuestiones, -bromea a su amigo.

Krould, a modo de lacónica respuesta, le propina un soberbio puñetazo en el hombro, que transfigura la cara de Daarko-, ¡¡ay!!, ¡animal!…
-Perdóoon… ¡Bueno!…Pues ya viste que me precipité a toda marcha como un toro…
-¡Nunca mejor dicho!
-¡Calla!, no me interrumpas…
-¡Vaaale!

-Al caer, el choque fue tan fuerte que rompí una de las estacas. Para romperla, tenía que estar trabada en algún lugar. Además, no podía estar apoyada sobre el suelo. Al levantarme, miré hacia donde estaban las piedras. Ya no tenían la misma posición que cuando las había visto un instante antes de tropezar. Se habían movido…
-¡Claro! ¿Pero tú sabes la torta que te pegaste, amigo? Era natural que se moviesen…
-Claro…, pero no tres buenos pasos. Y la que se había movido era la más grande. La otra estaba en el mismo lugar con el palo roto encima…

-¡Cor-cho-lisss…!
– Pues eso…

 

Y la historia continúa

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En busca del ahorro energético-1

<<~ EN BUSCA DEL AHORRO ENERGÉTICO

Amigo: ¡ahora te entiendo!

 

 Los juegos continuaron su desarrollo en el más absoluto regocijo por parte de todos. Fue algo brillante.

Y aunque Daarko, como es lógico, se resintió por el accidente. Se esforzó por dominar la desbordante emoción que le calaba hasta lo más profundo y continuar con las competiciones. Lo hizo para no desbaratar la organización de los equipos que se habían montado para ciertas exhibiciones. La meditación, de forma ineludible, vendría a arroparle más tarde…

 

Durante los días que duró esta gran competición, se vieron acompañados por un tiempo que parecía encargado en especial para la ocasión. Incluso, en las jornadas de mayor dificultad deportiva, a las que acudían un elevado número de espectadores, hubiese resultado duro no tener protección adecuada contra el implacable Sol, puesto que se desarrollaban a la intemperie. La Naturaleza tuvo la gentileza de ofrecerles un inesperado regalo en forma de finísima llovizna, que atemperó el ambiente y los ánimos…

-¡Vamos, Krould, vamos! ¡Esta es tu especialidad, no te rindas! ¡Adelante!

El fuerte muchacho, en la competición de arrastre de piedras  había superado todas las pruebas con éxito arrollador. La prueba consistente en trasladar enormes piedras desde un montón hasta una meta situada a una considerable distancia. Luego, tenían que volver a buscar otra a toda prisa para repetir la operación,

A Krould solo le quedaba el último esfuerzo por realizar. La ventaja estaba con claridad de su parte. Se dirigió en busca de su última piedra a toda prisa. 

Los vítores del público eran ensordecedores. Krould debería haberse despreocupado de todo, pero se le presentaba un hecho insólito, esperado con ansiedad. Shieja se hallaba entre la masa de espectadores dándole ánimos mientras gritaba con entusiasmo su nombre.

Desconcierto inesperado

Al  correr tal vez demasiado rápido y algo descontrolado, Krould no pudo evitar el error de mirar hacia el lugar en el que se encontraba su ‘amiga’. Se ladea un poco, gira algo más la cara. Una estaca mal colocada, está apoyada entre dos enormes piedras. Nadie se había percatado, nadie podía imaginar el gesto del joven, nadie lo esperaba.

El atleta corría y corría hacia el obstáculo imprevisto sin tener idea del peligro. Al fin la gente se da cuenta de la situación, chilla enloquecida en un intento de evitar el previsible accidente. Krould percibe el cambio en los gritos del público. Se da cuenta de que algo no va bien, pues oye con claridad que le alertan de algo incierto.

-¡¡¡Cuidado!!! ¡¡¡Ten cuidado!!! ¡¡¡Krould, Cuidadooo!!!

Pero ya es tarde, se precipita contra el obstáculo a una velocidad de vértigo. Impacta contra la primera piedra y caer con potencia arrolladora sobre la enorme estaca quebrándola. Rueda por tierra, dos, tres veces, hasta que al fin alguien se cruza en su camino y le para…

-¡¡¡Noooo!!! –estalla el público sobrecogido- ¡¡¡Aaaaaah!!!

Se precipitan al campo, rodean al muchacho, todos intentan verle. Saltan unos por encima de las cabezas de los otros; la confusión es tremenda. Empujones, gritos, ansiedades, angustias, expectación total…

Mientras levantaban a Krould entre varios amigos, este se miró la herida del costado por la que manaba sangre. Sentía un fuerte dolor que le obligaba a torcer el gesto muy a pesar suyo. Shieja llegó junto a él y uno de los brazos de Krould rodeó sus hombros, lo que provocó un escalofrío en ambos jóvenes.

A pesar del delicado momento, Kroul indagó qué era lo que había originado la colisión. Visualizó la situación de los objetos que le habían hecho caer y se volvió para continuar su marcha.

De repente quedó paralizado, absorto en una vaga idea. Obligó a Shieja a girarle de nuevo para volver a ver el lugar fatal; su expresión de dolor pareció agudizarse. Entonces buscó a Daarko con los ojos algo desorbitados. Le brindó una amplia sonrisa a modo de extraña mueca diciéndole:

-¡¡Ahora te entiendo, amigo, ahora te entiendo!!

Todos creyeron que deliraba a causa del topetazo. Pero las miradas de ambos amigos se enlazaron a través del gentío, como un chispazo de inteligencias encontradas. Daarko supo que su querido amigo, al fin, también había hallado una respuesta a lo que buscaba…

A pesar de estos y varios percances más de mediana importancia, los festejos continuaron con gran brillantez. Contaron con la admiración general de la gente por la organización del encuentro.

La acogida, el talante de los regalos, la variedad de los entretenimientos y la abundancia de alimentos,  fue excelente. Y, sobre todo, con la entrañable amistad que les embargó a todos en lo más profundo de sus sentimientos…

Y llegó el día de la clausura con la esperanza de la nueva Reunión que ya se había pactado. Y también llegó el momento de las despedidas. Unas, aludían al reencuentro; otras, tristes porque ‘la juerga se terminaba’; otras más, alegres por volver a sus casas, y muchos se despedían… sin llegar a irse en sus corazones…

Pero todavía no he contado lo que en realidad pasó  por las cabezas de nuestros dos amigos durante el Encuentro.

Lo que ocurrió aquel día sí entronca con el motivo más íntimo de esta narración.

Pero tal vez sea mejor que os lo cuenten ellos mismos.

LUCHA DECISIVA Y ARITMÉTICA PREHISTÓRICA:

Lucha decisiva y aritmética prehistírica

<<~ ARITMÉTICA PREHISTÓRICA: LOS JUEGOS DEFINITIVOS

 

La lucha decisiva de las competiciones tenían varias intenciones, pues era la ocasión en la que los diversos émulos mostraban su pericia en alguna o varias de las especialidades deportivas que se desarrollaban. También permitía aprender a los jóvenes un sinfín de auténticas artes, incluida la tan necesaria de la caza; ponía a prueba el espíritu de competición, revestido de colaboración y nobleza. Y, sobre todo, ofrecía la posibilidad de participar en uno de los juegos más hermosos de la vida, como es el del amor.

Entre los numerosos contendientes se encontraban, como no podía ser de otro modo, nuestros protagonistas. Estaban decididos a participar tanto en juegos de habilidad y fuerza como en el, novedoso para ellos, juego del amor. Daarko se decide a competir también y piensa hacerlo en la carrera de obstáculos.

 

Gran momento de expectación: va a iniciase la lucha decisiva. Todos se revuelven en sus lugares con aliento contenido. Daarko y sus heterogéneos compañeros se preparan y, por fin, ¡comienza la carrera!

El aviso, que coincide con el bramido ensordecedor del público, provoca una estampida humana difícil de describir. Tensión de músculos, tirantez en los rostros, brío, velocidad, movimiento vertiginoso, cabellos al viento, salto tras salto, en secuencia tan rápida que se diría que los debutantes exhiben una danza aérea. Braceos, balanceos, jadeos cada vez más evidentes…

El público en vilo delata sus predilecciones, al jalear sin medida y vitorear con anticipación a su ganador elegido de antemano. Gestos convulsivos de alegría, saltos, palmas, risas, rostros iluminados, ojos chispeantes, bocas tensas en el grito de sus preferencias.

Daarko, corre como antílope perseguido por una leona, se debate con bravura entre la masa de fuertes y entrenados jóvenes que desean también el éxito. Sofocado por el descomunal esfuerzo, busca su mejor ocasión, pero… un gesto poco ensayado provoca un auténtico desastre. Uno de sus pies apenas llega a rozar el último obstáculo a rebasar, pero cae con gran aparato sin poder evitarlo, quedando el obstáculo, Daarko, su esperanza y su moral desparramados por los suelos.

El muchacho se revuelve con tristeza y se esfuerza por desprender su cuerpo de la tierra. Se apoya con energía y empuja con resolución para levantarse, a pesar del dolor que le asedia, y casi lo consigue. Vuelve a caer, su cara queda frente a las huellas que dejaron sus manos en el valiente intento; sitúa una de ellas sobre su huella y… se queda pasmado. Se mira ambas manos, mira el suelo, mira la gente, mira hacia el cielo y mira mucho más allá, en lo más profundo de su intelecto…

Todo sucede en un instante mientras varios de los espectadores se abalanzan sobre él para asistirle, rodeándole. Apenas se da cuenta de que le palpan, le preguntan cómo se siente, le manipulan para comprobar si tiene algo más de lo que es evidente…

Los que mejor le conocen perciben que algo drástico, algo dramático acababa de sucederle por encima del espectacular accidente. La cara de Daarko ofrecía un aspecto extraño. No se trataba de la sangre que le brotaba de las cejas ni del tremendo restregón que le adornaba la mejilla desde la sien hasta la barbilla, con unos buenos trazos de tejido rojo bajo la piel rasgada. No, no fue esto lo que sobrecogió a los que le amaban, sino su extraña expresión, mezcla de dolor y sonrisa.

Lo inquietante fue que esa mueca dolorosa se debía a algo mucho más profundo que el dolor de la caída, algo nacido de las propias entrañas, algo que no inspiraba lástima, sino que conmovía el alma. Daarko desfiguraba el gesto en el intento de contener el deseo de reírse, de gritar la joya intelectual que llenaba todo su ser. Luchaba por acallar la dicha de comprender el motivo que durante tanto tiempo le había inundado de inquietud y auténtico dolor, un dolor que superaba con creces el que en estos momentos afrontaba.

La expresión de su cara revelaba esta lucha interior con un cómico gesto. Parecía la parodias del acecho en la caza o el revoloteo de la conquista en el ritual del cortejo, que realizaban durante los festejos. Daarko no sufría, Daarko, por encima de todo, era feliz… en la humana conciencia de su hallazgo…

 

Al serenarse el revuelo que se organizó, Kroul, en un breve aparte, se encaró con su amigo:

-¡Pero bueno, pareces un poco loco! Tú ríe que ríe mientras te desangrabas. ¿Qué te sucede, amigo, qué te sucede? ¡Me preocupas, Daarko! ¡Dime qué es lo que te pasa!

-¡Ja,ja,ja!

-¡Y dale! Ya te lo digo, estás loco.

-No, Krould, no. ¡Lo que ocurre es que este ridículo que he hecho con Riemah ha sido una auténtica bendición!

-¡Pero qué es lo que me cuentas, estás majara perdido! Dices que haces el ridículo con la belleza y te alegras de ello!

-Krould, no es así. Por esto me siento fatal, pero lo que ocurre es que, al caerme como un tonto, ocurrió algo extraordinario…

-Si, que te rompiste las narices…

-¡¡No, Krould, no es eso!!

-Bueno, seamos más exactos, te aplastaste la rica cara…

-¡Kroul, en serio! ¡¿Cómo puedo explicarte?! Sentí como una especie de chispa, como las que huyen de una hoguera cuando al saltar por encima de ella no calculamos bien y pisamos alguna brasa. ¡¿Lo entiendes?!

-¡Habla claro porque no me entero de nada! ¿De qué me hablas?

-Ya sabes que llevo mucho tiempo preocupado por los asuntos de las malditas pérdidas en los trueques. Sabes que tenía unas raras sensaciones, como un ‘algo’ que asediaba mi cabeza y que no era capaz de precisar. Yo sabía que en esas sensaciones estaba la solución que necesitaba. Lo sabía.

-Ahora sí sé de qué va el asunto. ¿Pero eso justifica esta cabezonada tuya? ¿Eso explica que te esfuerces en reír cuando deberías estar retorciéndote de dolor?…

-¡Es que ahora sé qué es lo que me rondaba, ahora sé que hay una solución y tengo que meditar sobre ello!

-Pues suerte que ha sido solo una pequeña chispita porque, si no llega a serlo, te matas y luego revives…

-¡¡Pero es que es inmenso!!

-No, si no te digo que no lo sea, pero chico me parece que te pasas en el entusiasmo. De todas formas, mejor así: al menos no has sufrido tanto…

-Ay, Krould, sufrir ya lo había hecho bastante… Esa angustia de saber que tenía a mi alcance esa idea indefinida que me tendía su mano por dentro y no sabía cómo cogerla… No sé explicártelo…

-¡Bueno, vamos al tajo, que la gente nos espera para ser derrotada con la docilidad de las ovejitas en el redil! ¡Ja, ja!

-¡Sí, vamos, brutazo!

-¿Crees que podrás continuar?

-¡Por supuesto! Y ahora, además, no solo les ganaré por hábil, sino por bello…

 Y Daarko, meditó. Y con su meditación fue capaz de idear la manera de no tener que trasladar todo un rebaño en las operaciones de trueque. Pudo idear el simbolismo para llegar a… contarlo, partiendo de los dedos de su propia mano…

 

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LA ARITMÉTICA Y LA REUNIÓN DE POBLADOS

La aritmética y la reunión de poblados
La aritmética y la reunión de poblados

<<~ ARITMÉTICA y LA REUNIÓN DE POBLADOS           

 

Lo extraordinario de estas comunidades era su integral espíritu de colaboración. Las incidencias que la vida les marcaba, mostraban la necesidad de unirse para ser capaces de ‘resolver para subsistir’. 

 Plantear una reunión de poblados representaba un nuevo reto al que enfrentarse. Prever cuantas cosas se referían al acontecimiento era una labor de capacidad de auténtico liderazgo. Por ello, su miembro más idóneo había sido elegido de común acuerdo por la comunidad.

La organización tenía su más clara manifestación humana en lo tocante a la distribución del tiempo. Había que abastecerse de carne, pescado, especies, productos de recolección y de siembra. Había que proveerse de agua y un tipo de bebida fermentada, fundamental en estos festejos. Esta bebida resultaba agradable con comidas preparadas a base de muchas especies. Como ‘valor añadido’, les proporcionaba ese punto de desinhibición tan oportuno en estas poco frecuentes ocasiones.

Pero no menos importante era organizar el espacio. Aunque estos encuentros siempre se celebraban en la primavera, debía preverse que las condiciones climatológicas podían no ser las esperadas. Ubicar a los cientos o miles de personas venidas desde distancias diversas, no era tarea para ser improvisada. Y menos con el sentido de la hospitalidad a que se obligaban aquellas comunidades, 

 

Las cuestiones de suma trascendencia que se perseguía en todo este asunto, eran la de conseguir relaciones, comunicación y ocio compartido. De esta forma se obtenían diversos beneficios: estar informados de sucesos lejanos; lograr acuerdos de tipo comercial, fundamentales para abastecerse de todo cuanto no se elaboraba en los distintos clanes, concertar viajes de trueque.

También permitir el reencuentro de familiares que habían marchado lejos con sus parejas. También, como no, propiciar nuevas uniones con las que enriquecer las relaciones de parentesco. Y, por supuesto, ¡la fiesta en sí!

Como relleno imprescindible a la parafernalia que se originaba, se preparaban competiciones de todo tipo. Estas competiciones atraía a la juventud como a los pájaros atrae un trigal. También lo hacían las peculiares danzas de cada lugar, que disfrutaban aún más la gente mayor. 

Y aquí volvemos a acercarnos a nuestros jóvenes amigos, pues tendrán un destacado papel durante estas semanas. Y esto sucederá aunque ellos no lleguen a percatarse.

-¡Me siento muy feliz. Shieja me ha dicho que quiere que pasemos juntos las fiestas! ¡Es fantástico! ¡Es formidable! ¡Es maravilloso! ¡Es,…es…!

-¡Es… tá bien, diantre! –le ataja Daarko- ¡Es…tás como un carnero, Krould!…¡Pero a mí también me alegra sinceramente, amigo!

-¿Al fin estaremos los cuatro juntos? – afirma.

-¡Al fin lo estaremos!

-¡Pues ya podemos entrenarnos hasta reventar! -exclama Krould-, no tengo la menor intención de hacer el ridículo ante Shieja. ¡Es maravillosa!           

-En esto estamos de acuerdo. Te entiendo con claridad por lo que yo siento por Riemah.

-¡Vamos a entrenar, no perdamos tiempo!

Los dos amigos corren atolondrados, persiguiéndose y empujándose, sin pensar en otra cosa, sin percibir peligro alguno. ¿Peligro? ¡La vida era maravillosa como las compañeras con las que iban a compartir las esperadas fiestas!

 

Por fin empiezan a llegar los poblados más próximos. Como acostumbra a ocurrir, la experiencia juega un importante papel. En las primeras reuniones generales se suscitaron malestares entre los asistentes, puesto que los que habitaban cerca del clan anfitrión ocuparon los mejores lugares.

Esta cuestión la habían resuelto. Lo habían hecho con el acuerdo común de reservar ciertas zonas para los poblados más distantes. Así, demostraban el respeto que se tenía a todos los participantes. 

Nunca volvieron a tener problemas relacionados con estas cuestiones. La competición natural por colocarse en las zonas más deseadas, fue siempre leal, deportiva y hasta divertida.

 

Para Daarko era habitual retirarse al montículo que le servía de atalaya de observación. Le servía de relajamiento físico y espiritual durante el alba y en el ocaso del sol. Era su zona de recogimiento.

El verdadero motivo de esta costumbre estaba en que a Daarko le encantaba cavilar acerca de las cosas que le preocupaban. El corazón se le aceleraba al empezar a buscar solución a cuantos problemas se le presentaran. Podría decirse que Daarko gozaba, al manifestar lo que ocurría en su interior mediante graciosos gestos, mientras discutía consigo mismo.

Krould, por su parte era más vital; su fuerza era descomunal, desarrollaba energía a raudales y, en general, dormía sin ningún problema. Y cuando una de esas cuestiones que le exasperaban se le ponía entre ceja y ceja, andaba con los sentidos alerta sin más. Cuando se le cruzaba algún indicio que pudiese relacionar con lo que le interesaba, lo aferraba con la mente como los objetos con las tenazas de sus manos.

En realidad, Krould era un muchacho inteligente a la par que fuerte. Estaba dotado de similares cualidades para la interpelación que su gran amigo. Gozaba con lo que era capaz de arrancar a la naturaleza para tornarlo a ella convertido en una obra humana.

 

La comunidad se alegraban por el tiempo que hacía. Este era otro de los auténticos puntos fuertes en las reuniones. Si era propicio, no tenían que reajustar sus planes a capricho de los elementos atmosféricos, lo que requeriría bastante esfuerzo.

En esta ocasión el tiempo reinante era cada vez más agradable. También el espacio cada vez estaba más ocupado y la alborozada gente más inquieta. Las actividades eran más esperadas por todos: los deseos más ardientes, los corazones más henchidos, las esperanzas más cercanas, los pesares más lejanos…

 

En la madrugada del esperado día, el estridente coro de aves, orquestado por un alborotado batir de ala, despedía la noche. Lo hacía con su particular jarana mientras el Sol se entretenía en iluminarlo todo. Y esta algarabía fue la que marcó el ‘Inicio de las Fiestas’.

El despliegue de agasajos de todo tipo y el inmenso abanico de ofrendas fue fastuoso e impresionante. Ropajes, abalorios, abrazos, besos y regalos, unidos en estrecha confabulación para sembrar el evento de alegría, buena voluntad y paz.

A la acogida de los viajeros, siguieron frecuentes comilonas, presentadas con esmero, que decoraron las fiestas de importantes notas gastronómicas.  Esto siempre ha sido, no nos engañemos, muy interesante.

 

De inmediato veréis a qué viene esto de la aritmética

 

 

LA ARITMÉTICA PREHISTORICA Y LA COMUNIDAD

La aritmetica prehistorica y la comunidad

<<~ LA ARITMÉTICA EN LA PREHISTORIA

Creatividad del homo

 

Faltaban unas tres horas para el amanecer. El ambiente en el poblado durante los últimos días había sido extraordinario. Los preparativos para la reunión de los clanes les habían envuelto en una frenética actividad en la que participaban la totalidad de sus miembros, hasta los más pequeños…

Se hallaban poseídos de una alegría incontenible que les proporcionaban fuerzas adicionales para abordar las pesadas tareas habituales además del sinfín de trabajos añadidos que imponía la nueva situación. El deambular de la gente parecía caótico.

No obstante, esta impresión en realidad era falsa, puesto que no les quedaba tiempo para realizar ni un solo movimiento innecesario… Pero a estas horas de la madrugada la paz general era total y creaba un extraño contraste con el bullicio del día anterior.

La fresca temperatura del ambiente, la especial cualidad de la incipiente luz y, sobre todo, el murmullo del río próximo que acentuaba el impresionante silencio reinante, creaban una sensación de irrealidad. Una irrealidad que arrastraba las conciencias a la meditación y sumía al ser completo en la expectativa de ese soberbio espectáculo que, sin tardanza, iba a desplegar la Naturaleza…

Daarko, sin poderlo definir con claridad, se bañaba en estas sensaciones: sentía que la vida se agitaba en sus venas, en su corazón y en su mente.

El joven, desde su particular atalaya, fijos sus ojos en la cadena montañosa que se ofrecía, seductora, como horizonte, se recreaba en la contemplación de lo que aún no era más que una promesa.

Pero Daarko, en realidad, no estaba absorto solo por este motivo. Su actitud era más el reflejo del estado interior que le poseía. Estaba anclado en el mar de sus pensamientos a la espera de una ola de agua clarividente. Ola que le mostrara lo que tenía agazapado en su cerebro, cual felino al acecho, inmóvil, expectante: llevaba mucho tiempo obsesionado por una imprecisa pero pertinaz idea que no le dejaba descansar.

Los moradores del clan consideraban, sin dudarlo, que el muchacho era un tanto extraño. Con mucha frecuencia se le veía detenerse en su labor y dejar la vista prendida, ‘suspendida’ decían, en algún indefinido punto de algún indefinible mundo interior.

-¿Qué, Daarko, dormido de pie y con los ojos abiertos?

-No, es que estaba pensando –era su respuesta habitual

Todos le estimaban, y admiraban que de aquel joven ensimismado salieran, como por arte de encantamiento, un sinfín de artilugios de lo más práctico. Ejemplos como el consistente en dos piedras, una acanalada y otra basculante, que permitiera moler todo tipo de grano, en un tiempo y esfuerzo mucho menor que con cualquier otro procedimiento. O el que permitía que con una serie interminable de cañas partidas en toda su longitud y un conjunto de recipientes intermedios, pudiese canalizar agua desde el arroyo próximo hasta la casa de sus padres.

Ahora, Daarko no se enajenaba por sutilezas espirituales, pues no existía un ambiente que lo propiciara en esa época y ese lugar. Sino que su mente estaba enfrascada en asuntos prácticos para lograr resolver alguna de las dificultades que se le planteaban a diario. En esta deliciosa madrugada, Daarko se había levantado, a pesar del cansancio acumulado por el ajetreo de los preparativos. No podía dormir desvelado por  la inquietud que le mordía las entrañas, obligándole a permanecer en guardia.

¿Qué es lo que inquietaba a Daarko?

Se trataba de algo de cariz material. A Daarko le mortificaba emplear tanto tiempo en los asuntos del trueque, tan frecuente entre su gente. Esto ocurría cada vez que se tenía que cambiar un grupo de ovejas por unos sacos de trigo, o una cierta cantidad de trigo por otra mercancía, que debía pactarse por anticipado.

A pequeña escala esto no tenía más importancia. Pero llegado el momento, cuando las cantidades a mover eran considerables -como ocurría con frecuencia- ya no era tan sencillo.

Los objetos tenían que ser trasladados a gran distancia para confirmar la aceptación de la operación. Entonces, el asunto ya no era ni fácil ni agradable y, además, resultaba costoso por la pérdida que representaba si la operación no llegaba a buen término. En ese caso, había que volver con el cargamento intacto, lo que no se lograba con facilidad.

-Tengo que hablar con Krould sobre este asunto –meditó-, entre ambos tal vez seamos capaces de hallar una solución.

Daarko sabía que su amigo no compartiera la totalidad de sus preocupaciones. Pero sí era una persona capaz de comprenderle e incluso aportar puntos de vista diferentes a los suyos. Luego, él los desarrollaba para hallar lo que buscaba.

Para Krould, lo más propio era abordar asuntos en los que interviniese el esfuerzo físico. Su talante intelectual tenía el mayor sentido práctico que se pueda imaginar. Amante de la caza y la labranza, había resuelto infinidad de cuestiones relacionadas con ellas. Sabía fabricar arcos y flechas como nadie y los arados que salían de sus manos eran admirados. La comunidad en pleno lo alababa debido a las constantes mejoras que aportaba.

Lo cierto es que los dos amigos estaban dotados de una curiosidad incontenible hacia las cosas de la naturaleza. Ambos poseían una gran capacidad creativa. Tenían lo que podríamos calificar como aguda inteligencia.

La actitud de Daarko era más sintetizadora, estaba más interesado en aglutinar multitud de variables en una sola. Krould captaba de inmediato la forma de utilizar cualquier hallazgo para lograr simplificar las tareas pesadas.  Ellos no tenían noción de las cualidades de que estaban dotados, pero el tiempo les mostraría su auténtica dimensión.

Antes de que el Sol curioseara por encima del caprichoso perfil de las montañas, la luz de la alborada ya se había hecho patente. Los contornos se hacían más nítidos y más entrañable el cuadro que iba manifestándose cada vez con más rapidez.

Ahora sí, al muchacho se le hizo consciente lo que se avecinaba. Olvidó la preocupación que le absorbía hacía unos momentos. Asumió la inquietud que le dejaba el tiempo a su paso y se dejó llevar.

Daarko se enfrentó al inmenso firmamento, tapizado de cuantos tonos e intensidades de color se pudiera imaginar. Se recreó en el profundo gozo del que iba a ser único dueño durante pocos instantes.

A medida que esas sobrecogedoras impresiones espirituales se le ofrecían al joven, el sonido del borboteo del río se difuminaba, superado por las mil vocecillas entrecortadas e inquietas de los pájaros.

El poblado entero fue surgiendo entonces del interior de sus cabañas. Lo hacían con sonrisa en los labios y alegre esperanza en los corazones ante los inminentes festejos. Un inmenso Sol mostraba su cara incipiente y besaba con obstinación cuanto se ponía a su alcance. La noche, con sutil timidez, había ofrecido su relevo al día y Daarko intuía que nada era más importante que vivir en la rotunda conciencia de estas impresiones.

-¡Daarko, Krould anda buscándote! –le gritaron

-¡Bien, ahora bajo!

Corrió por la pendiente con la necesidad de esclarecer el malestar que le asediaba. Le fue fácil divisar a su amigo, con aspecto de preocupado, ante una enorme piedra,.

-Hola, Krould, ¿qué sucede?

-Salud, Daarko. Se trata de los ejercicios de arrastre de piedras: hay algo que me preocupa.

-¿El qué, que no haya forma de que nadie sea capaz de ganarte? –se le burló.

-No te rías, que no es esto. A mí me encantan estos ejercicios: arrastrar  piedras  cada vez más pesadas, entre dos señales trazadas en el suelo, para mí es bastante fácil. Lo que ocurre es que me parece absurdo el esfuerzo que realizamos cuando se trata de auténticos trabajos en las mismas condiciones. Alguna manera tiene que haber para simplificar las cosas. No sé cómo lograr una solución.

-Ya, comprendo. Me gusta tu preocupación por aligerar el esfuerzo. Sé que te importa más por los otros que no tienen tu fuerza. Quieres facilitarles las cosas a los bueyes –bromeó con picardía-. Pero no te preocupes que ellos pronto encontrarán una solución para que tu trabajo sea menos pesado.

-¡Burro!

Estas bromas eran lo corriente entre los dos amigos y su buen talante les ayudaba en muchas ocasiones a superar las dificultades de la vida diaria.

-¿Vas a invitar a Shieja para pasar estos días? Sería estupendo que quisiera aceptar. Tú, Riemah, Shieja y yo, lo pasaríamos muy bien, ¿no te parece?

-¡Claro que sería formidable! Veremos. Ahora a lo nuestro que hay mucho trabajo por hacer. ¡Hasta luego!

 

¿Cómo irá evolucionando la narración hacia los propósitos del título de esta entrada? ¿Qué tendrá que ver todo este asunto con la aritmética? No perdáis la paciencia, porque esto vamos a verlo más adelante.