El deleite de los pájaros

 

EL DELEITE DE LOS PÁJAROS

 

Después de la seriedad de las últimas entrada, casi me veo obligado a ofreceros una especie de compensación. Por ello, os voy a narrar una historia de indignación; sí, una historia de mi indignación: como soy una persona que siente el  verdadero deleite de los pájaros, aquel día realmente me indigné.

No es que me considere un ecologista a ultranza o un extremado defensor de los animales: comprendo que las sociedades caminen sobre sus propios pasos siguiendo pautas ancestrales; sobre estos precedentes no acostumbro a discutir. Lo que ocurre es que me sorprendió el final de la ‘Oda a los pájaros’ de mi amigo Julio. Tal vez, no le reprocho tanto la oda en sí –con franqueza, bien tramada– como que me arrancara una franca risa con la sorpresa que me había preparado.

 

–¿Quieres que te lea la oda que he escrito, Enrique?
Como sé del talante de mi amigo, acepté con cierta reticencia a que me la leyera.
–Ya sabes que a menudo me empacho con las composiciones excesivamente bucólicas…
–¡¡Y tanto que lo sé, Julio!!
–¡Hombre!, sé sincero, ¿no crees que en ocasiones el asunto resulta cargante?
–A veces, no te lo niego; pero tú tienes una manera de llevar la contra, que se pasa al otro extremo, no me lo niegues.
–No te lo niego…
–Tampoco te voy a negar yo que me gusta como escribes; pero, chico, tienes unos puntos de vista que uno no sabe por dónde salirse.
–¿Te la leo o no?
–¡Adelante con el cañonazo…!
–¡Ja!, esta vez no va de cañones, sino de pájaros…
–Uy, uy, uy…
–No seas mordaz, Enrique, que es una narración muy tierna…
–Te escucho con mucho interés, ¡hombre!

–¿Verdad que nos embelesamos con frecuencia en la contemplación de las aves?
–Pues, sí, estoy de acuerdo, Julio…
–Y es natural, porque son lindos personajes; bueno, lindos, no todos, aunque, eso sí, todos tengan aquel su encanto personal: elegante porte, grácil vuelo, precisión en insólitas cabriolas, jaraneros juegos; cresta, unos; papada, otros; moco, otros más…
–Pues la verdad es que tienes razón…
–Y, de entre las aves, si algo nos arrebata el corazón sin ninguna misericordia, son los pájaros. Por este motivo he querido cantar el gozo que despiertan estos animalillos…
–Me parece genial.
–Y titulo el escrito con “El deleite de los pájaros”. ¿Qué te parece, Enrique?
–Me parece muy bien…
–Pues ahí va el asunto, digo, la oda:

«Sobre la belleza tal vez haya mucho escrito, pero lo hermoso que permite la Naturaleza toda, es poder leer la belleza sin letras ni palabras cuando os observamos, amigos pájaros, cuando podemos extasiarnos con vuestras formas arrebozadas de entonados colores, con vuestros gestos y con vuestras sutiles y breves frasecillas que, aunque no se entiendan, propician a que se os entienda todo…
–Vas muy bien, Julio…

»Sí, sobre la belleza… Pero ¿y la música?, ¿y la poesía de vuestro existir? Aquí, uno se pierde, como ahora me estoy perdiendo yo, porque poetizar sobre la poesía de vuestra poesía se hace difícil, pues la auténtica poesía son los sentimientos que origináis sin mediar vuestra intención; es la idea que germina en el poeta que os percibe y os narra.
–Sin duda, estás inspirado, Julio…

»Y, con tantos poetas cosechando vuestros encantos… ¿quién es capaz de no perderse? Qué envidia y qué irreprimibles celos podríamos llegar a sentir si, en verdad, fuésemos capaces de percibir lo que sugiere vuestro embrujo… Estamos anquilosados en nuestras costumbres y deseos, en nuestros sentimientos colmados de telarañas del tiempo, entorpeciendo ese leer en vuestro mundo etéreo y alado. Pero, si lo percibiésemos, llegaríamos a percatarnos del sentimiento más profundo, más entrañable y más noble de entre los que, sin duda, existen: podríamos leer el amor trenzado en vuestros revoloteos, como acrobacias del espíritu despertando ensueños…
–Chico, esta vez me estás dejando con la boca abierta…

»Pero se hace difícil amarlo todo, aunque esta sea la misión más humana, por encima de sexos, edades, religiones y etnias… Por esto es fundamental extasiarse con cuanto nos enamora, con aquello que nos permite soñar, volar y creer que todo es posible en este mundo, en el cual nada parece posible si no es con los ojos y la mente hechizados definitivamente…
–Julio, ¡qué pasada!

»Vosotros, poetas, como pájaros del sentimiento, narrad en vuestras voladas lo percibido en aquellos vuelos, aunque temáis que se lo lleve el viento, pues mejor es una ilusión lanzada al viento que la cordura malgastada en la nada, es mejor una quimera en el pensamiento que el abandono del alma.
–¡No me lo puedo creer!

»Pájaros de mis sueños, viva imagen de lo entrañable y lo bello.
–¡Jopeeeta!
»Sois testimonio del amor y cuanto hay de bueno…
–¡Sin comentarios…!

»Y perdonad que, enfrascado como estoy en bucólicos hitos, justo sea ahora cuando os lo diga: ¡pero qué buenos…, qué buenos, también, estáis fritos!
–¡¡¡Bueeennoooo…!!!