Imagen de la energía de la conciencia de algún dios

TODOS NECESITAMOS ALGÚN DIOS – 1

La energía primigenia

 

No creer en la reencarnación, no significa creer que aquí se acaba todo…

La energía puebla la totalidad, hasta la masa es energía, y ésta energía no puede desaparecer. Bien, pero esa energía sí puede y debe transformarse… Es el proceso por el cual existimos, mediante el cual existe todo…

El cómo y el porqué de la energía es otra cuestión… Sí, es otra cuestión, pero esa es la cuestión, todo procede de una energía primigenia y primordial de la que no nos podremos desprender por más que sacudamos nuestro intelecto o nuestra originaria estupidez…

No nos desalentemos. El ser humano es un ente social por naturaleza: necesita compañía, aunque esa compañía pueda no ser la que en realidad necesite. Por ello, es un gran invento esa inquietud indefinida con que se manifiesta lo que hemos dado en llamar alma. Alma en latín es ‘anima’, que en hebreo significa ‘virgen, doncella’.

Si pretendiéramos racionalizar, diríamos lo que dice la RAE sobre el alma. Es el ‘Principio que da forma y organiza el mecanismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida’. También dice que es  ‘Aquello que da espíritu y fuerza a algo’.

 

La primera definición, es objetiva culturalmente y permiten ahondar en el concepto que ha conducido y conduce la evolución…

La segunda parte ‘Aquello que da espíritu y fuerza a algo’, va acercándose bastante más a lo que voy. Porque con términos más filosóficos, hablaremos de que ese ‘aquello’ es la ‘sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos’.

Con la definición filosófica, no todo el mundo puede estar de acuerdo. Pero no cabe duda de que todos, absolutamente todos los humanos, arrastramos ese gusanillo que nos hace compañía.

Es demasiado fácil errar

Cuántos padres con buena voluntad, se habrán lamentado de tener que sobrellevar el empuje de las sociedades. De tener que hacer lo que esas sociedades les imponían –muchas veces imposiciones irracionales–. Cuántos se han lamentado por no tener tiempo material para criar y educar a sus hijos. O simplemente de no poder convivir con sus semejantes de una forma natural, descubriendo, todos unidos, las capacidades espirituales que poseemos…

Es más, en infinidad de ocasiones ese gusanillo, compañero y consejero –por causa de aquellas sociedades–, se nos convierte en un molesto ‘inseparable’. Y esto sucede porque nos aconseja constantemente que no vayamos por los caminos que nos apartan de nosotros mismos. Caminos que nos desvirtúan al seguir el dictamen inhumano de la humanidad…

Lo natural y lo propio sería que ese  aliento interior indefinible, nos proporcionara una calurosa compañía. Nos diese el ánimo que necesitamos en nuestro obrar material…

Este artículo continúa en otro del mismo título…