Unos momentos de meditación

<<~ LA GEOMETRÍA ANCESTRAL-4

 

UNOS MOMENTOS DE MEDITACIÓN

La atalaya que ya conocéis, acoge las meditaciones de Daarko con sumo silencio. Pareciera que fuese capaz de intuir la trascendencia de lo que allí se amasaba. El joven necesita estos momentos en los que la soledad y el tiempo se alían para ordenar su caótica imaginación,

Daarko sabe que se relacionan los esfuerzos de Krould con el espectáculo que le dio por montarse la bendita araña.

Su amigo intenta hallar una solución al tema del traslado de materiales pesados a distancias importantes. Daarko discutió muchas veces con su amigo sobre la cuestión.

Por su parte, repitió su experiencia con el taburete de las arañas y también se quedó sorprendido. Ahora cavilaba frente a unos trazos realizados en la tierra, que le servían de guía.

Mientras, el brillo titilante de las estrellas se iba atenuando para dejar reverente paso a la luz del Astro Rey. Sin duda, que venía a reclamar su trono matutino. Como tributo a este relevo luminoso, el cielo se tiznaba de amarillos y ocres ayudado por la masa de nube. Como mudos testigos de la escena, iban vistiéndose de colores para ser admiradas por cuantos pudiesen observar esta función terrenal.

LA HERMOSURA CONTINÚA

Nada hay tan hermoso como el murmullo que surge cada día. Cuando se acopla la intensidad del incipiente concierto de infinitos gorjeos a la luminosidad creciente del alba.

Si alguien duda sobre la existencia de una errática percepción de hermosura. O duda sobre la inexplicable emoción de belleza que origina la armonía de los sonidos propios de la Naturaleza. O de la sensación de veracidad que puede percibirse en ciertas contadas ocasiones. Ocasiones en las que el espíritu del ser humano cree entender algo. No tiene más que ser testigo de una situación como la que ahora atrapa a nuestro amigo. Puede estar seguro de que creerá que todos esos sentimientos son de lo más natural.

El ensoñado muchacho, acariciaba la ilusión de hallar la relación que intuía entre aquellos hechos tan dispares, sin llegar a entender el porqué de esa impresión. Lo que le sucedía a Daarko, aunque él no pudiese apreciarlo, era que la Creación se manifestaba embargándole el espíritu. Sumía su estado de ánimo en lo más profundo de su ser para preparar lo que su mente necesitaba en estos momentos: ¡crear!

Crear una nueva idea, un nuevo concepto, una nueva acción era parte del perpetuo camino que trazaba el joven día a día. Quizás fuese una nueva explosión de esa capacidad de progreso que diferenciaba cada vez más al ser humano, Que le diferenciaba del resto de los animales desde que, ya como Homo, apareció en la faz de la Tierra.

Sea como fuere, a Daarko  no le quedaba más remedio que apurar las imágenes que presenciaba en esos momentos. Imágenes exultantes de belleza, que animaban al joven a asumir la realidad de las responsabilidades que imponía la comunidad. 

GRATA SORPRESA

Mientras Daarko regresaba a toda carrera de la atalaya de sus meditaciones, Krould ya iba en su busca. Estaba convencido de que, al no encontrarlo en su casa, no podía estar en otro lugar que en la atalaya.

Lo inusual fue que el muchacho disfrutó de la sorpresa de que aún disponía de un día más de fiesta con el que no había contado. Juntos se dirigieron a buscar a sus amigas del alma. Tenían el propósito de unirse a otros grupos de jóvenes con el fin de pasar el día de descanso… correteando como posesos.

En verdad que el conjunto de los jóvenes pusieron de su parte lo que pudieron para que el día resultase inolvidable. Por ello, en el momento en que tuvieron que regresar a sus casas, ninguno encontraba la manera de separarse de los demás.

Al fin, se dividieron en diversos grupos y, como era de esperar, uno de ellos era el de nuestros inseparables amigos. A pesar de sentirlo en el alma, se despidieron con la promesa de reencontrarse al día siguiente. Lo harían cerca de la casa de Daarko para charlar otro rato.

De esta forma, el adiós no resultó tan desagradable. Lo que no podían imaginar los cuatro jóvenes era que ese día la vida les había preparado algo muy especial. En esta extraordinaria ocasión, serían los niños y las actitudes sociales de la comunidad las que actuarían. Actuarían como detonante de la explosión cultural que estaba a punto de culminarse en ‘En el centro está la clave’.