Vean el numerito circense

<<~ LA GEOMETRÍA DEL ANCESTRO-3

VEAN EL NUMERITO CIRCENSE

Como algo inevitable, una parte importante de la reunión son los juegos. Estos se realizan por unanimidad, ensartados en la fiesta, a la lumbre de las hogueras.

Hay una de las competiciones de los más jóvenes, con la que a veces también se atreven los no tan jóvenes. Consiste en realizar una carrera puestos en pie sobre las renombradas secciones de tronco, los tocones de la historia. Estos se colocan tumbados en el suelo, haciéndolos rodar hasta recorrer una distancia definida entre dos trazos marcados en el suelo.

Después de múltiples diversiones, al fin, le llega el turno a esta competición de ‘taburetes’. Todos los participantes ocupan su lugar con gran ansiedad; Daarko y Krould en sus filas.

El alborozo general es impresionante. Cada rostro muestra en su sonrisa la emoción que le causa el momento. Las voces se acallan, los ojos se abren expectantes, las respiraciones se suspenden, los corazones se aceleran…

¡¡¡Adelaaante!!!

 Al primer gesto, la mitad de los contendientes ruedan por el suelo todavía más que sus troncos. Tal vez les asustó el bramido ensordecedor de la gente, aunque es muy probable que la falta de pericia jugara cierto papel en el desastre. Aplausos nerviosos. Saltos retenidos. Gritos angustiosos, risas, vítores, sofocos…

Los participantes, medio ajenos a este tremendo lío humano, se afanan como pueden y emplean sus mejores dotes para este agotador juego. La habilidad para superar esta prueba está en ser capaz de mantener una frenética cadencia rítmica en el movimiento de las piernas. Pero esto provoca que, a medida que transcurre el tiempo, la tensión a que se las somete se haga insoportable. Además, la respiración se convierte en un jadeo agónico, que impide disponer del oxígeno necesario para este desmesurado esfuerzo… Solo resistirán los más dotados e, incluso, auténticos colosos del deporte.

La carrera se desarrolla salpicada de caídas, sumergida en un constante griterío. Que llega a su fin con el colérico bramido de la masa de espectadores en la que cada uno de ellos reclamaba ser el más oído.

Se diría que el ganador desearía haberse quedado en su casa. Y es lógico al ver el tropel que se le abalanzaba sin otro propósito ni miramiento que aplastarle de pura admiración…sin contemplaciones…

Por fortuna esta no fue la ‘suerte’ de Kroul ni de Daarko, pues llegaron a la meta de la extenuante carrera con brío. Pero con un brío lo bastante rezagado para no tener el “privilegio” de ser el primero ninguno de los dos.

Al calmarse los ánimos, Riemah abraza entusiasmada a Daarko, con gran alegría por parte de él. Y Riemah le explica que su alegría es por haber contemplado el efecto que originaba el dibujo de su tronco al girar.

Ante los ruegos de su amiga, los de Shieja y los del grupo que había reparado en lo mismo, Daarko repitió unos movimientos con su tronco. Esta vez, logró la admiración de todos los reunidos.

Vean el numerito circense. Aquello era un espectáculo sin duda notable. En su giro, la araña daba vueltas despacio con su mirada clavada en el insecto que brincaba  con frenesí al trazar círculos. Lo hacía como queriendo escapar de la tela que lo mantenía bien sujeto, y creaba la apariencia, debido a su velocidad, de que se multiplicase.

La propia tela se sumaba al numerito circense, pues ofrecía una gama de distintas velocidades en su tramado. Estas disminuían a medida de que se acercaban a la ya famosa araña.

A esto se añadía el efecto estroboscópico del giro, que ofrecía la apariencia de que el insecto, vigilado por la araña, se fuese parando en su recorrido hasta incluso retroceder, para volver luego a su marcha de fuga hacia delante.

Hasta entonces nadie había visto nada parecido y nadie sabía explicarse el motivo de tal efecto, pero lo cierto es que había calado tan hondo que, a muchos, les sobrecogió. Todo cuanto no se sabe explicar crea una inquietud que, a veces, puede resultar hasta supersticiosa.

-Daarko, es precioso, –le confirma el propio Krould¡¡nunca vi nada igual!! Es…muy extraño. Voy a subirme en tu tronco para que puedas verlo.

Sin esperar respuesta, Krould sube al tronco de la admirada araña y repite el ejercicio para que su amigo pueda contemplar la escena. Daarko queda absorto, él mismo no esperaba este raro y espectacular efecto. Sonríe decidido a dominar sus sensaciones, pero se sobrecoge sin saber muy bien por qué.

En el caso de Daarko, no se trata de ningún tipo de aprensión: vuelve a tener la extraña inquietud que le produjo el sueño de la otra noche. Pero esta vez le invadía ese cúmulo de incitaciones que le invadía siempre que tenía un reto intelectual que necesitaba resolver.

Si el joven hubiese utilizado el taburete que acababa de fabricar, el efecto causado por el dibujo trazado en él no hubiese trascendido lo más mínimo. No sería otra cosa que circunferencias dando vueltas. No se hubiese percibido otra cosa que unos dibujos estáticos a pesar del movimiento de rotación de los troncos. Hubiese sido difícil que alguien se extrañase por esa quietud.

Solo Daarko podía sorprenderse, tanto de los estáticos círculos como del movimiento del dibujo del vigilante arácnido.

La velada se alargó lo suficiente como para abatir de cansancio a todos los participantes. Se vieron obligados a retirarse de forma paulatina a sus respectivos hogares.

Al final, solo los cuatro amigos se mantienen en pie por el afán de engañar al tiempo en que podían estar juntos, alargándolo. Cuando fue imposible resistir el sueño que les apremiaba, se despidieron afectuosamente: Riemah, apoya su mejilla en la de Daarko y le susurra al oído:

-Nunca olvidaré lo que hoy nos has ofrecido, querido amigo.

A lo que Daarko le responde mirándola a los ojos con sonrisa tímida y serena:

-La araña la dibujé yo… El numerito del encantamiento fue por su cuenta

 

Y seguirá en ‘Unos momentos de meditación’